José Ingenieros, un sociólogo y medico ítalo-argentino pregonero del libro El
hombre mediocre; caracteriza a las personas mediocres como “incapaces
de utilizar su imaginación para forjar ideales para luchar por un mejor
futuro.”; aceptando a la rutina y los prejuicios, formando parte “del rebaño
que sigue sin cuestionar nada."
A simple vista se puede observar que la
mediocridad abunda en la sociedad venezolana, como lo explica Gabriel Antillano,
estudiante de la UCAB Caracas en su columna del Diario El Nacional. Antillano, destaca su amor por las letras y
simultáneamente hace énfasis a su terror por la piratería que existe en la
educación universitaria.
La educación es la base fundamental de todo
ser humano; sin esta el hombre se encontraría vacío. Pero ¿qué pasa cuando
tener educación se transforma en una decisión y no una obligación? La libertad
de poder elegir entre educarse y no educarse quizás es lo que ha afectado a
nuestra sociedad, y más cuando observamos ejemplos que nos demuestran que
obtendríamos los mismos beneficios tomando el camino fácil; con camino fácil me
refiero a aquel que no requiere de dedicación, esfuerzo y lucha para
recorrerlo.
Concuerdo totalmente con la opinión de Antillano
de que el hecho de que existan pensamientos mediocres en un instituto
universitario es aterrador. De que existe mediocridad existe, aunque no estoy
de acuerdo con tildar como culpables a los supuestos encargados de formar una
sociedad correcta. Los culpables no son ellos, los culpables es la sociedad que
no hace el llamado de atención cuando observa que las actitudes no son
correctas, los culpables somos nosotros que utilizamos el silencio y decidimos
por ser “uno más del montón” y no por tratar de cambiar las situaciones.
La política es sucia, como muchos lo
sabemos, pero lo es así por el simple hecho de que somos una sociedad débil,
que dejamos que se aprovechen de nosotros para obtener sus beneficios. La
historia lo explica, estamos acostumbrados a decidir por lo que nos conviene y
no por lo que sería correcto. Quizás si alguno de los que nos damos cuenta de
esto no hiciéramos caso omiso y de verdad actuáramos con el fin de cambiar la
situación, todo sería distinto. Si dejáramos esos pensamientos ignorantes,
despectivos y mezquinos quizás nuestra historia fuera otra.
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