El Karma es el
mayor protagonista, antagonista, narrador y arbitro en nuestra vida.
Simplemente por el hecho de que todo lo que hagamos tiene causas y
consecuencias, muchas veces hasta nos pone a dudar de si en realidad estamos
haciendo lo correcto, aunque en el fondo sepamos que es así. Un ejemplo muy
común del karma es el juego con los sentimientos. Las personas, siendo humanas,
estamos acostumbradas a ser egoístas en muchos aspectos, es algo inevitable, e
incluso muchas veces, ni lo vemos venir. Estamos más que seguros de lo que
nosotros sentimos, de lo que nosotros queremos, y más aun de lo que no
queremos. Por este hecho, somos simplemente presas de nuestros propios
intereses, así es como no vemos lo que las otras personas son capaces de sentir
o de vivir. Pero el Karma no se reduce simplemente a los sentimientos de otros,
sino también a las acciones independientes a lo largo del tiempo, en el
trabajo, en el hogar, con los amigos, con la familia, con la pareja y hasta con
los desconocidos; es bueno saber que existe algo que nos afecta a la larga. Y
si, si existe, quizás “Karma” no es su nombre, pero la mayoría de las cosas
sorprendentes que nos suceden diariamente son a causa de lo mismo. No solo
pensemos en las cosas malas tampoco, hay un mundo de reacciones buenas con las
que nos podríamos dar cuenta, solo hay que prestar atención a nuestro alrededor
y notar como las personas más cercanas son víctimas de sus propias acciones. Aun
después de esto, esta fuerza tan poderosa del universo no parece ser un
acompañante individual, sino un acompañante hasta espiritual que quizás llega a
afectar a nuestra propia descendencia. ¿Quién dice que a un muerto no le afectó
el Karma si en este momento, sus hijos tienen enfermedades mentales?
Jesús Perez
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