27 de enero
Era un día como cualquiera; el sol alumbraba más de lo normal. Las nubes blancas y atractivas indicaban que iba a ser un buen día. El 27 de enero del año pasado, aquella fecha donde me di cuenta lo mucho que estaba enamorado.
Con solo mirar tu rostro radiante por esos destellos de belleza, me sentía como un niño porque en realidad no salías de mi cabeza. Tu cabello liso y oscuro que definía tus perfectos rasgos. Esa delgadez de tu cuerpo y lo pequeño de tus zapatos ¡Ay mi dios, no sé por qué me gustabas tanto!
Fue un día sencillo. Lleno de momentos divinos, donde solo te agradecía por estar ahí conmigo. Otro aniversario más, otro mes que me hacías suspirar, otro día junto a ti; yo era el hombre más feliz.
Ese momento de aquel beso apasionado, que hizo temblar hasta el último musculo de mi cuerpo; que rozaste tus ricos labios junto a los míos haciendo que aumentaran mis deseos. Fuiste mía una y mil veces, y aun lo sigues siendo. Mis huellas en tu piel no se irán así como se va el viento.
Gladys
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