jueves, 5 de mayo de 2016

Crónica-Visita inesperada

Visita inesperada
*** En una generación de jóvenes acostumbrados a salir de fiesta, se vuelve cotidiano las bienvenidas con caras molestas de los padres, junto a largos sermones por llegar tarde a casa, pero ¿Qué harían si una madrugada no se consiguen con tan fastidioso discurso?, ¿Qué pasaría si otras personas esperan por darles un recibimiento distinto?
Gladys M. León
     En una noche de fiesta como otra cualquiera, en la ciudad de Maracay, Luis, un joven de 22 años de edad, decide marcharse a su hogar; así que enciende una Ford runner 2008 de sus padres que utiliza para movilizarse. Al llegar a la casa, el joven lucha por mantener los ojos abiertos para correr el pesado portón negro del estacionamiento, sin embargo, 4 personas lo esperan en la puerta principal y lastimosamente ninguna de esas personas son sus padres.
     Es 20 de diciembre del 2014. El reloj marca las 2 con 27 minutos de la madrugada. Carmen Cariño de 55 años de edad, está recostada en su cama junto a su esposo Luis Alfonso, a la espera de que su único hijo regrese de otras de sus fiestas; cuando de fondo se escucha cómo unas llaves abren la puerta principal de la casa.
     Por debajo de la puerta de madera del cuarto principal se puede ver como las luces del pasillo, la sala y la cocina son encendidas. Basta con el sexto sentido de una madre para que Carmen se dé cuenta  de que algo extraño está sucediendo.  Carmen no escucha a su hijo Luis quitándose los zapatos como siempre lo hace al llegar de madrugada a la casa y, también observa que las luces ya llevan más de 5 minutos encendidas.
     El teléfono de la casa se cae como si hubieran tropezado con él y por debajo de la puerta Carmen ve como 4 sombras pasan por al frente del cuarto; “Mi hijo no está solo” piensa la madre. Con el corazón acelerado, Carmen corre a trancar la puerta de su cuarto con seguro, despertando así a su esposo.
Comienza la pesadilla
     Al darse cuenta de la situación, los esposos comienzan a juntar objetos pesados para obstaculizar el paso al cuarto. De repente la manilla de la puerta empieza a moverse y a la vez una voz gruesa dice “¿De que huyes, si ya tu hijo está muerto?. El miedo comienza a matricularse en los cuerpos de la pareja, los latidos aumentan mientras que la puerta del cuarto es golpeada por las personas misteriosas para lograr abrirla. A punta de golpes y empujes las 4 personas abren la puerta del cuarto; allí lo más cercano a Carmen y a Luis Alfonso es la muerte.
     Son 4 jóvenes no mayores de 20 años los que someten a los padres. A Carmen y su esposo, dos de los presuntos maleantes empiezan a empujarlos para que caminen hacia la sala; mientras se escucha como los otros dos hurgan en la casa buscando que robar. Entre la desesperación y las lágrimas causadas por el cuchillo en el cuello con que los están sometiendo, solo se escuchan los murmullos de las oraciones que comienzan a rezar.
     Allí están Carmen y Luis Alfonso sometidos por los maleantes. Estos preguntan por los dólares y euros que según ellos ya sabían que los escondían, amenazándolos con cuchillos en el cuello. Lo curioso es que los jóvenes saben específicamente donde buscar.
    Carmen dirige su mirada al reloj que se encuentra en la cocina, y observa que ya han transcurrido 20 minutos desde que los antisociales entraron a su hogar. En la puerta principal, los jóvenes comienzan a colocar bolsas negras llenas de artículos, objetos, y dinero que hurgaron; cuando finalmente uno de ellos hace una seña para avisar que tenían que irse. Un alivio invade a los esposos, aunque dicho alivio tarda más en llegar que en irse.
No les bastó con llevarse todo
     Uno de los maleantes le pregunta de nuevo a la pareja que, donde tienen escondidos los dólares y los euros, pero solo obtiene un par de gritos de los esposos que le dicen que no tienen lo que piden. Esos son los gritos que transforman a los 4 chicos.
     Con cuchillo en mano se devuelven 3 chicos a herir a los esposos, el cuarto muchacho fue a someter al hijo Luis que al final no mataron.  Uno de ellos está encima de Carmen golpeándola, mientras los otros dos están con Luis Alfonso. A Carmen la empieza a golpear en los ojos, “No me mires maldita gorda” le dice; pero el joven no siente que son suficientes sus puños, por lo que coge el teléfono in alámbrico de la casa y con la parte más gruesa intenta dejarla ciega.
     A Luis Alfonso lo están ahorcando al otro lado de la sala. Solo se escuchan ruidos producidos por el impacto del teléfono en el cuerpo de Carmen y chillidos de dolor que exclaman los esposos. Carmen tiene el corazón acelerado y no deja de orar en su mente, se da cuenta de que ya no tiene al chico encima pero no tarda en que este regrese con 2 cuchillos en mano.
     Es como ver a un señor en la carnicería acuchillando a una ternera. Sangre de Carmen salpica en la cara del joven y los gritos de auxilio no se dejan de escuchar. La fuerza con que acuchilla a Carmen no parece ser la adecuada, ya que por más que el muchacho trata de profundizar el cuchillo en la piel, esta es como la de un cocodrilo.
     Los antisociales intercambian de cuchillos, prueban con tenedores y con cualquier cosa filosa que ven en la casa. Uno de los muchachos le dice a Luis Alfonso que en algún momento esa hombría y fortaleza que demuestra se le iba acabar, mientras se agacha y dirige el cuchillo debajo del ombligo, era cuestión de milímetros para que Luis Alfonso fuera acuchillado en el pene. El esposo siente como el cuchillo penetra su piel y llega a sus huesos.
La Fe es lo último que se pierde
     Golpes, cachetadas, cuchillazos, tenedores y rodillos son usados; hasta sogas para intentar ahorcarlos. Los charcos de sangre en la sala empiezan a aumentar de tamaño, pero ninguno de esos mecanismos para matarlos consigue más que algunos desmayos. Carmen adolorida y convencida de que morirá, comienza a pedir perdón a Dios por cualquier cosa que se le ocurriera “Quizás si yo no fuera la esposa de Luis Alfonso, no le estuviera pasando esto” piensa en plena desesperación. Cada vez que despierta de los desmayos desea más la muerte.
     La madre vuelve a desmayarse, pero durante el desmayo se lleva una sorpresa. Carmen, de pronto observa la imagen de su suegra vestida de blanco encima de ella, como si tratase de protegerla de los cuchillazos que se aproximan; simultáneamente su suegra le dice: “Ten fortaleza, ustedes pueden”. 
   Ver la imagen de esa señora hace que Carmen se dé cuenta del por qué los cuchillos no le producían mayor daño. Carmen voltea y ve que encima de su esposo se encuentra su suegro, también vestido de blanco. “Ahora si me volví loca” pensó, ya que sus suegros están muertos.
     Esas imágenes no son más que las almas de los suegros protegiendo a ella y a Luis Alfonso; en ese momento Carmen dirige la mirada hacia la cocina y ve que está una señora en la mesa del comedor, esa señora es su madre que también está muerta; ahí es donde se da  cuenta de que su hijo todavía vive porque de no ser así su mama estuviera protegiendo a su nieto. La presencia de esas almas convierte a Carmen en una luchadora, es como si le hubiesen inyectado muchos miligramos de fuerza.
     Uno de los antisociales de pronto grita “Esta maldita gorda no se muere” mientras sigue dándole cuchillazos he intenta herirla con tenedores, pero estos se empiezan a doblar y no le producen mayores heridas. Carmen siente como la patean en el estómago; hasta que se le ocurre la idea de hacerse la muerta. El plan funciona completamente, los maleantes deciden irse.
Un milagro
     La casa está en silencio, tanto que se puede escuchar el tic tac del reloj de la cocina. Carmen nota que ya se han ido los muchachos; quiere ver si su esposo vive, así que intenta arrimarse para agarrarle la mano; siente como la sangre se escurre por su cuerpo. El ojo izquierdo lo tiene hinchado, tanto que no ve nada por él, solo logra ver poco por el ojo derecho. Finalmente consigue la mano de su esposo; Carmen ya ni siente las lágrimas caer de su rostro. En ese momento Luis Alfonso acaricia la mano de su esposa. A pesar de la tortura la pareja sigue viva.
      Carmen saca fuerzas y comienza a buscar el teléfono para llamar por ayuda. Lo consigue lleno de su propia sangre y marca el primer número que recuerda, el de su prima. Alcanza a decir “ayuda” antes de caer inconsciente en el piso.
     La familia es internada a las 5 am en la Clínica Lugo. A Carmen la someten a varias operaciones por unas costillas rotas aunque esta delicada por la cantidad de sangre perdida, el hijo es el que más ileso se encuentra. Carmen casi pierde el ojo izquierdo y su ojo derecho esta inflamado y morado, tiene  las marcas en el cuello de la soga con que la intentaron ahorcar y de los cuchillazos que pretendieron degollarla, sin contar las múltiples punzadas de los tenedores y cuchillos en la piel.
     El 21 de Diciembre a las 9 de la mañana, la policía, para sorpresa de muchos, consiguió a los causantes de tan horrible acto. Fue fácil, ya que viven en la calle de atrás de la casa de la familia. Ninguno es mayor de 18 años y el menor de ellos tiene 16 y, aparte de que eran vecinos de la misma urbanización, resultaron ser amigos del hijo Luis. Por ser menores pagaron la fianza. Carmen y su familia no podían estar en su casa sin recordar lo sucedido, y no ayudaba ver a los 4 delincuentes pasar al frente de su casa todas las mañanas.

     Es un trauma familiar causado por 4 amigos de Luis que lo sometieron al llegar tarde a su casa, amigos que les robaron todo, amigos que casi matan a su familia. 

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