Visita inesperada
*** En una generación
de jóvenes acostumbrados a salir de fiesta, se vuelve cotidiano las bienvenidas
con caras molestas de los padres, junto a largos sermones por llegar tarde a
casa, pero ¿Qué harían si una madrugada no se consiguen con tan fastidioso
discurso?, ¿Qué pasaría si otras personas esperan por darles un recibimiento
distinto?
Gladys M. León
En
una noche de fiesta como otra cualquiera, en la ciudad de Maracay, Luis, un
joven de 22 años de edad, decide marcharse a su hogar; así que enciende una
Ford runner 2008 de sus padres que utiliza para movilizarse. Al llegar a la
casa, el joven lucha por mantener los ojos abiertos para correr el pesado
portón negro del estacionamiento, sin embargo, 4 personas lo esperan en la
puerta principal y lastimosamente ninguna de esas personas son sus padres.
Es
20 de diciembre del 2014. El reloj marca las 2 con 27 minutos de la madrugada.
Carmen Cariño de 55 años de edad, está recostada en su cama junto a su esposo
Luis Alfonso, a la espera de que su único hijo regrese de otras de sus fiestas;
cuando de fondo se escucha cómo unas llaves abren la puerta principal de la
casa.
Por
debajo de la puerta de madera del cuarto principal se puede ver como las luces
del pasillo, la sala y la cocina son encendidas. Basta con el sexto sentido de
una madre para que Carmen se dé cuenta
de que algo extraño está sucediendo.
Carmen no escucha a su hijo Luis quitándose los zapatos como siempre lo
hace al llegar de madrugada a la casa y, también observa que las luces ya
llevan más de 5 minutos encendidas.
El
teléfono de la casa se cae como si hubieran tropezado con él y por debajo de la
puerta Carmen ve como 4 sombras pasan por al frente del cuarto; “Mi hijo no
está solo” piensa la madre. Con el corazón acelerado, Carmen corre a trancar la
puerta de su cuarto con seguro, despertando así a su esposo.
Comienza la pesadilla
Al
darse cuenta de la situación, los esposos comienzan a juntar objetos pesados
para obstaculizar el paso al cuarto. De repente la manilla de la puerta empieza
a moverse y a la vez una voz gruesa dice “¿De
que huyes, si ya tu hijo está muerto?. El miedo comienza a matricularse en
los cuerpos de la pareja, los latidos aumentan mientras que la puerta del
cuarto es golpeada por las personas misteriosas para lograr abrirla. A punta de
golpes y empujes las 4 personas abren la puerta del cuarto; allí lo más cercano
a Carmen y a Luis Alfonso es la muerte.
Son
4 jóvenes no mayores de 20 años los que someten a los padres. A Carmen y su
esposo, dos de los presuntos maleantes empiezan a empujarlos para que caminen
hacia la sala; mientras se escucha como los otros dos hurgan en la casa
buscando que robar. Entre la desesperación y las lágrimas causadas por el
cuchillo en el cuello con que los están sometiendo, solo se escuchan los
murmullos de las oraciones que comienzan a rezar.
Allí
están Carmen y Luis Alfonso sometidos por los maleantes. Estos preguntan por
los dólares y euros que según ellos ya sabían que los escondían, amenazándolos
con cuchillos en el cuello. Lo curioso es que los jóvenes saben específicamente
donde buscar.
Carmen
dirige su mirada al reloj que se encuentra en la cocina, y observa que ya han
transcurrido 20 minutos desde que los antisociales entraron a su hogar. En la
puerta principal, los jóvenes comienzan a colocar bolsas negras llenas de
artículos, objetos, y dinero que hurgaron; cuando finalmente uno de ellos hace
una seña para avisar que tenían que irse. Un alivio invade a los esposos,
aunque dicho alivio tarda más en llegar que en irse.
No les bastó con
llevarse todo
Uno
de los maleantes le pregunta de nuevo a la pareja que, donde tienen escondidos
los dólares y los euros, pero solo obtiene un par de gritos de los esposos que
le dicen que no tienen lo que piden. Esos son los gritos que transforman a los
4 chicos.
Con
cuchillo en mano se devuelven 3 chicos a herir a los esposos, el cuarto
muchacho fue a someter al hijo Luis que al final no mataron. Uno de ellos está encima de Carmen golpeándola,
mientras los otros dos están con Luis Alfonso. A Carmen la empieza a golpear en
los ojos, “No me mires maldita gorda”
le dice; pero el joven no siente que son suficientes sus puños, por lo que coge
el teléfono in alámbrico de la casa y con la parte más gruesa intenta dejarla
ciega.
A
Luis Alfonso lo están ahorcando al otro lado de la sala. Solo se escuchan ruidos
producidos por el impacto del teléfono en el cuerpo de Carmen y chillidos de
dolor que exclaman los esposos. Carmen tiene el corazón acelerado y no deja de
orar en su mente, se da cuenta de que ya no tiene al chico encima pero no tarda
en que este regrese con 2 cuchillos en mano.
Es
como ver a un señor en la carnicería acuchillando a una ternera. Sangre de
Carmen salpica en la cara del joven y los gritos de auxilio no se dejan de
escuchar. La fuerza con que acuchilla a Carmen no parece ser la adecuada, ya
que por más que el muchacho trata de profundizar el cuchillo en la piel, esta es
como la de un cocodrilo.
Los
antisociales intercambian de cuchillos, prueban con tenedores y con cualquier
cosa filosa que ven en la casa. Uno de los muchachos le dice a Luis Alfonso que
en algún momento esa hombría y fortaleza que demuestra se le iba acabar,
mientras se agacha y dirige el cuchillo debajo del ombligo, era cuestión de
milímetros para que Luis Alfonso fuera acuchillado en el pene. El esposo siente
como el cuchillo penetra su piel y llega a sus huesos.
La Fe es lo último que
se pierde
Golpes,
cachetadas, cuchillazos, tenedores y rodillos son usados; hasta sogas para
intentar ahorcarlos. Los charcos de sangre en la sala empiezan a aumentar de
tamaño, pero ninguno de esos mecanismos para matarlos consigue más que algunos
desmayos. Carmen adolorida y convencida de que morirá, comienza a pedir perdón
a Dios por cualquier cosa que se le ocurriera “Quizás si yo no fuera la esposa de Luis Alfonso, no le estuviera
pasando esto” piensa en plena desesperación. Cada vez que despierta de los
desmayos desea más la muerte.
La
madre vuelve a desmayarse, pero durante el desmayo se lleva una sorpresa.
Carmen, de pronto observa la imagen de su suegra vestida de blanco encima de
ella, como si tratase de protegerla de los cuchillazos que se aproximan;
simultáneamente su suegra le dice: “Ten
fortaleza, ustedes pueden”.
Ver la imagen de esa señora hace que Carmen se dé cuenta del por qué los cuchillos no le producían mayor daño. Carmen voltea y ve que encima de su esposo se encuentra su suegro, también vestido de blanco. “Ahora si me volví loca” pensó, ya que sus suegros están muertos.
Ver la imagen de esa señora hace que Carmen se dé cuenta del por qué los cuchillos no le producían mayor daño. Carmen voltea y ve que encima de su esposo se encuentra su suegro, también vestido de blanco. “Ahora si me volví loca” pensó, ya que sus suegros están muertos.
Esas
imágenes no son más que las almas de los suegros protegiendo a ella y a Luis
Alfonso; en ese momento Carmen dirige la mirada hacia la cocina y ve que está
una señora en la mesa del comedor, esa señora es su madre que también está
muerta; ahí es donde se da cuenta de que
su hijo todavía vive porque de no ser así su mama estuviera protegiendo a su nieto.
La presencia de esas almas convierte a Carmen en una luchadora, es como si le
hubiesen inyectado muchos miligramos de fuerza.
Uno
de los antisociales de pronto grita “Esta
maldita gorda no se muere” mientras sigue dándole cuchillazos he intenta
herirla con tenedores, pero estos se empiezan a doblar y no le producen mayores
heridas. Carmen siente como la patean en el estómago; hasta que se le ocurre la
idea de hacerse la muerta. El plan funciona completamente, los maleantes
deciden irse.
Un milagro
La
casa está en silencio, tanto que se puede escuchar el tic tac del reloj de la
cocina. Carmen nota que ya se han ido los muchachos; quiere ver si su esposo
vive, así que intenta arrimarse para agarrarle la mano; siente como la sangre
se escurre por su cuerpo. El ojo izquierdo lo tiene hinchado, tanto que no ve
nada por él, solo logra ver poco por el ojo derecho. Finalmente consigue la
mano de su esposo; Carmen ya ni siente las lágrimas caer de su rostro. En ese
momento Luis Alfonso acaricia la mano de su esposa. A pesar de la tortura la
pareja sigue viva.
Carmen
saca fuerzas y comienza a buscar el teléfono para llamar por ayuda. Lo consigue
lleno de su propia sangre y marca el primer número que recuerda, el de su
prima. Alcanza a decir “ayuda” antes
de caer inconsciente en el piso.
La
familia es internada a las 5 am en la Clínica Lugo. A Carmen la someten a
varias operaciones por unas costillas rotas aunque esta delicada por la
cantidad de sangre perdida, el hijo es el que más ileso se encuentra. Carmen casi
pierde el ojo izquierdo y su ojo derecho esta inflamado y morado, tiene las marcas en el cuello de la soga con que la
intentaron ahorcar y de los cuchillazos que pretendieron degollarla, sin contar
las múltiples punzadas de los tenedores y cuchillos en la piel.
El
21 de Diciembre a las 9 de la mañana, la policía, para sorpresa de muchos,
consiguió a los causantes de tan horrible acto. Fue fácil, ya que viven en la
calle de atrás de la casa de la familia. Ninguno es mayor de 18 años y el menor
de ellos tiene 16 y, aparte de que eran vecinos de la misma urbanización,
resultaron ser amigos del hijo Luis. Por ser menores pagaron la fianza. Carmen
y su familia no podían estar en su casa sin recordar lo sucedido, y no ayudaba
ver a los 4 delincuentes pasar al frente de su casa todas las mañanas.
Es
un trauma familiar causado por 4 amigos de Luis que lo sometieron al llegar
tarde a su casa, amigos que les robaron todo, amigos que casi matan a su
familia.
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