martes, 10 de mayo de 2016

Crónica - Madre a distancia


Para nosotros en Venezuela, el día de las madres se celebró este pasado domingo 8 de mayo, sin embargo en otros países es costumbre celebrarlo el 10 de mayo, para concluir hoy con esta celebración donde honramos a todas esas maravillosas mujeres, de parte de TGRM les compartimos esta crónica, basada en hechos reales, donde queda claro que madre no es solo aquella que te da la vida, si no que es aquella quien te cría. La presencia o carencia del amor de una madre puede transformar vidas, en este caso fue para bien. Te invitamos a sumergirte en esta historia, y sin importar dónde se encuentre tu madre/mami/ o mamá ¿qué esperas? ¡Ve a abrazarla!
 Tienes este día para celebrarla, pero todo el año para amarla. Feliz día a todas las madres les desea The game of readers and more.  

Madre a distancia

*** En el frió de las minas entre casa y casa lo que se podía oír claramente en las mañanas era un llanto que empezaba con fuerza hasta que poco a poco se iba apagando, “Tima Tima” era lo que se podía entender en el llanto

María Laura C.

El siete de enero de mil novecientos sesenta y uno, en la ciudad de Caracas llega al mundo la primera hija hembra del abogado Fermín Ayala y la secretaria Fatima Moreno, para unírseles a sus dos hermanos de dos y cuatro años mayores. Se dice que al llegar un hijo al hogar todo es luz y felicidad, pero al pasar el tiempo la niña deja de ser novedad para esta pareja.

Aranza era su nombre, cabello marrón y ojos color avellana, su nombre derivaba del nombre de dos tías paternas y de su abuela paterna, Arabin, Meliza y su abuela Arminda. Los primeros meses no fueron sencillos para la pequeña puesto que había nacido con asma, en un clima frío como el de las minas no es fácil lidiar con una enfermedad respiratoria y siendo una recién nacida las apuestas están en tu contra.

A los siete meses se arribaba la pequeña Aranza, pesando poco más de seis kilogramos, su madre quien tuvo que retornar al trabajo a los tres meses de permiso, dejó a la niña sin la oportunidad de ser amamantada y a la pequeña y sus dos hermanos siendo cuidados por las vecinas quienes cuando oían llorar a la niña la alimentaban, daban de comer a los niños, y volvían a sus casas, dejándolos solos en intermedios de dos a tres horas.

“Tima Tima”, era perfectamente entendible en el llanto de la niña, aun sin uso de razón, nunca pudo llamarle mamá. En una visita de algunas tías paternas de la pequeña Aranza al ver las condiciones en la que esta se encontraban decidieron tomar medidas, llevársela a casa de su madre (su abuela paterna)  fue la mejor opción, su madre (Fatima) estuvo de acuerdo de inmediato.

En un pequeño baúl no más grande que un portafolio ejecutivo estaban las pocas pertenencias de Aranza, y así partió en compañía de su tía Melida a la ciudad de Maturín, estado Monagas. La pequeña Aranza iba en camino a conocer, a su amiga, confidente y cómplice, Aranza conocería a su madre.

Conociendo a mamá

Damelys era su nombre, hermana de Fermín, y tía de Aranza. Trabajaba como nutricionista en el hospital, y se encargaba de que la niña fuera atendida en cada crisis asmática que le ocurría, la conexión entre ellas fue instantánea e inevitable.

Una mujer joven y soltera criando una niña como suya no era bien visto en esa época. Sin embargo, para Damelys la pequeña se había convertido en su prioridad. La madre biológica de la pequeña y su padre, no llamaban, no escribían, y en un lapso de cuatro años, la visitaron dos veces, lapso de tiempo en el que se mudaron, se estabilizaron y tuvieron tres niños más, Aranza continuo viviendo con su abuela y con su tía.

Pasaron los años y para Aranza la verdad tenía un solo rostro, y ese era el de Damelys, Fatima paso a ser un recuerdo y una imagen borrosa de quien es su madre, su padre, estaba un tanto más borroso. Llego el cuarto cumpleaños de “mella” o “mellita” apodo que adopto la niña en su casa (nunca se supo de donde, pero se ha quedado con ella hasta la actualidad) llego una figura que, aunque no supiera que faltaba, completo su cuadro.

Alfredo Cabrera se llamaba, un boxeador, quien se le pronosticaba en su futuro un cercano encuentro con el amor, sería una joven viuda con una hija, Damelys presentaba a Aranza como su hija, y se encontraba recientemente de luto por la muerte de su abuela, y si, no cuadra enteramente con la descripción, pero el destino funciona de maneras extrañas.

Alfredo paso a ser parte de la vida de Aranza, para ella era la figura paterna que no sabía que necesitaba. Todos vivían en casa de la abuela Arminda, Damelys y Alfredo estaban construyendo su casa justo al lado, no sería cosa de más que “unos meses”, meses que se extendieron a tal punto que en casa de la abuela nacieron sus cinco hijos.

Aranza los quiso a todos como sus hermanos, por un tiempo todo encajo en su vida. Damelys se convirtió además de su madre, su confidente y mejor amiga, se coleaban juntas a películas no aptas para la niña. Damelys la tenía como su muñequita, le sacaba las cejas y pintaba sus uñas, era una conexión que solo se tiene una vez en la vida, o al menos eso pensaba la niña en su momento.

Al salir de sexto grado, Aranza tuvo una conversación con su abuela en donde oyó la oración más extraña: “es hora de que vuelvas con tu mamá”. Para ella tal cosa no tenía sentido puesto que su madre era Damelys, pero ya siendo un tanto mayor podía entender que la realidad era que Fatima fue quien la dio a luz.

Las palabras dichas por su abuela no hacían más que ruido para Aranza, no obstante su palabra se respetaba, y así,  Aranza partió a Caracas. Su estadía allá no fue más que dos años, dos años en los que ella se sintió en una casa extraña, perdió un año de bachillerato y se le prohibió ir a ver a su abuela.

Aranza creía que tocaba fondo, nunca logro acoplarse al ambiente de esa casa, Fatima, su madre, tenía un mal genio constante que hacía que Aranza se distanciara. Pero ella sabía que su hogar era junto a su abuela y junto a Damelys, así fue como se propuso recuperar y subir sus notas para que se le concediera el permiso de ir a visitar a su abuela en vacaciones, cuando Aranza pisó de nuevo la casa de su abuela, nunca más volvió con Fatima.

“Tú no eres mi mamá” fueron las palabras con las que Aranza se despidió de Fatima. Reencontrarse con su familia, y con su mamá, su verdadera mamá, hasta ahora para ella, ha sido lo mejor. Al llegar a su cuarto año de bachillerato, por intereses académicos la ahora adolescente Aranza se traslada a Ciudad Guayana con su tía Miladys, esta vez manteniendo el contacto con su abuela y con su mamá.

Pero la vida es como es y a causa de una pelea con su tía, Aranza fue echada a la calle. Su tía pensó que esto la privaría de terminar el bachillerato con su mención en educación, sin embargo para Aranza eso no era una opción, de casa en casa, con amigas e incluso una profesora, Aranza contra todo pronóstico se graduó de bachiller. 

Aranza vuelve a Maturín, ya como profesional, se muda sola, y empieza a trabajar, tiempo después llega a su vida, su verdadera graduación, llamada Bartolomeo. Un pequeño “capullito” de dos kilos y setecientos gramos, llegó a su vida el veinticuatro de agosto de mil novecientos ochenta y seis, y justo en ese momento las subidas y bajadas que dio durante sus veinticinco años de vida, cobraron sentido. 

Basto con verlo un par de segundo para darse cuenta de que nadie, nunca le arrebataría a su hijo.
Durante su vida, al menos por el punto de vista familiar Aranza sintió que faltaba algo, alguien en quien apoyarse, alguien que le diera seguridad, a pesar de tener a su lado a Damelys como su madre, la realidad es que su vida careció de estabilidad, y al morir su abuela de cierta manera cada quien tomó su camino.

Su vacío llego a su fin el día que Bartolomeo llegó a su vida y más tarde llegó Elizabeth, ella entendió que si a veces necesitas un héroe o heroína quizás es momento de que te conviertas en uno, es decir, en su vida todo lo que le falto, tenía por seguro de que a los pequeños no les faltaría, Aranza hizo las paces con el pasado, hizo el intento por Bartolomeo y Elizabeth, no obstante, se dio cuenta de que era mejor dejarlo donde estaba, en Caracas.

Conociendo a Mella (punto de vista de Elizabeth)

Mi mamá ha sido y será mi mayor inspiración, saber de dónde viene y lo que tuvo que atravesar me ayuda a entender como es, por qué decidió ser docente, su manera de inculcarle respeto a los niños y llenarlos de cariño, por qué es cómo es con mi hermano y conmigo, por que ha sido nuestra mayor cómplice, pues  teniendo la oportunidad de haber convivido con mi abuela (Damelys) es fácil saber de dónde viene el calor maternal, pero al conocer su historia entiendo que con tal calor se nace, no se crea ni se exige.

Su historia pudo haber sido muy distinta, y a veces nos preguntamos que pudo haber sido de su vida, lo cierto es que esta agradecida de todas las caídas que tuvo por que las vivió en una familia que hasta hoy se ha mantenido cerca de ella, que tuvo el placer de criarse entre tantas tías las cuales le han enseñado cada una algo, y que a la larga esto ha sido mi herencia.

El mayor milagro de la vida de mi madre fue qué llegara su madre a la suya, y resulta curioso, en mi caso, nacer agradeciéndole a alguien por algo que ocurrió años atrás, sin la intervención de mi abuela, la vida de mi madre no hubiese sido la misma, le dio educación, amor y una dirección en la vida, y no todas las personas crecen con todo el paquete.

En la actualidad ella puede contar esta historia de manera serena y calmada, no siente rencor hacia su madre biológica, y siempre le ha deseado lo mejor, puesto que quizás las cosas tampoco fueron fáciles para ella. Pasando el trago amargo de perder a su mamá hace poco, Aranza se apoya en sus pilares, Bartolomeo y Elizabeth. Aranza no está sola.

xoxo, María Laura

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